En condiciones normales podría decir que estoy en el ciclo intermedio de la vida. Ya tengo cierta experiencia y aun mi capacidad física me puede dar alguna alegría, así que si la virtud está en el termino medio, debo pensar que es un buen momento para sentarse y reflexionar un poco sobre las cuestiones que más pesan sobre mis hombros.
Ya hace años que se que cada persona tiene sus propios problemas e inquietudes, y no tienen porque coincidir... No tienen ni porque parecerse, cada persona vive sus propias circunstancias, y cada circunstancia tiene sus propios temores.
Una vez que la sombra de la depresión ha asomado por tu hombro, ya eres consciente de que no siempre es necesario que ocurra algo grave para pensar que la vida es un obstáculo infranqueable. Yo he pasado una mala racha, ciertamente he volado bastante bajo, y si bien ahora veo muy lejana una fortaleza mental que antaño tuve, en este momento no me puedo quejar de como estoy dadas las circunstancias.
Me alegro que haya gente que se pueda preocupar de las dificultades y penurias que pasan trillones de personas por el mundo, realmente alguien debe hacerlo. Pero yo me conformo con superar las propias dificultades de mi día a día, y me consume notables recursos solo conseguir mirar la vida propia con el optimismo necesario para seguir adelante... No voy a intentar salvar el mundo cuando apenas puedo salvarme a mi mismo y a mi entorno más cercano.
La circunstancia que actualmente más pesar crea sobre mis hombros es el triste fallecimiento de mi padre. Ciertamente todos los fallecimientos de familiares cercanos son tristes, pero por desgracia he podido comprobar que no todos son iguales para el recuerdo de los que se quedan en este mundo. La muerte natural es un acontecimiento que trae la pena por la perdida, y en ocasiones cierto consuelo porque los que se van ya no sufren. Sin embargo la palabra accidente trae unas connotaciones dramáticas muy poco deseables para los que se quedan con ese mal recuerdo. Una vivencia que martillea la cabeza con insistente pesar, un ¿Por qué? retorico lanzado al aire una y otra vez. Al principio fue un consuelo encajar las piezas de un accidente sin sentido... Pero después de un tiempo el tormento es pensar porque es tan difícil ser prudente cuando realmente es necesario... Supongo que a lo largo de una vida se hacen tantas "estupideces" que a veces nos debemos creer que somos invulnerables a las desgracias... Pues no lo somos, sin duda no lo somos...
Y doy gracias Dios ( O a la fuerza cósmica que sea que rija nuestro destino )de que mi entorno personal sea un apoyo extraordinario. La soledad es una sombra de la que hay que huir cuando la vida se tuerce, y aquí es donde temo por una madre cuya salida del túnel está a mucha más distancia que la mía...
Por esta y por muchas otras cosas más que han marcado mi vida a lo largo de estos años, veo a mi alrededor a una sociedad perdida en luchas que realmente tienen poco valor para mi...
jueves, 22 de septiembre de 2011
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